El clima en mi corazón: yo no soy mi nube
Cada tanto me veo sintiéndome en medio de una “nube” de irritación o tristeza que parece que me sigue a todos lados. Si me preguntas respondo casi automáticamente estoy enojada" o "estoy deprimida". Si observamos, el lenguaje nos lleva a caer en la tranpa de creer que soy la emoción, aca el peso se vuelve difícil de cargar.
El cielo y las nubes
Me invito a imaginarme que mi esencia, lo que realmente soy, es como un cielo inmenso. Las emociones —el miedo, la ansiedad, el enojo— son como nubes que cruzan ese espacio.
A veces son blancas y livianas; otras veces son densas, oscuras y traen tormenta. Pero hay una verdad muy simple que nos da aire: ninguna nube, por más negra que sea, tiene el poder de lastimar al cielo. La tormenta siempre pasa, pero el cielo permanece ahí, sereno y vasto, esperando detrás.
El arte de mirar con amabilidad
Anthony de Mello decía que el secreto para recuperar la paz es la observación. Se trata de mirar lo que sentimos con curiosidad, como quien mira un paisaje, sin poner etiquetas ni juzgar lo que aparece.
Probar en vez de decir "estoy deprimido", decir: "la depresión está ahí ahora". Con este pequeño cambio dejamos de ser la nube para volver a ser el cielo que la observa. Cuando encendemos la luz de la conciencia sobre una emoción, sin pelearnos con ella, empieza a perder su fuerza y, poco a poco, sigue su camino. La observación consciente hace la diferencia en este GRAN CIELO QUE SOY!
Volver al presente
El malestar suele aparecer por miedo a que esa nube se quede a vivir conmigo para siempre. Si hago el ejercicio de observar sin juzgar, recupero la frescura del momento presente, que es donde la vida sucede de verdad.
Para acompañarte en este proceso, te dejo ideas que me sirvieron al dejarlas resonar en mi interior:
¿Qué beneficio oculto tiene quedarme en reforzar la idea de que esa nube es negra? De que partes no me estoy encargando si me quedo frenada ahí?
Si esta emoción es solo una nube pasajera, ¿qué otras partes de mi cielo están despejadas hoy y quizás no estoy viendo?
¿Cómo me sentiría si dejara de decirme que esto que me pasa "no debería estar pasando"?
Un pensamiento para cerrar: Gracias por la capacidad de mirar hacia adentro con amabilidad. Hoy elijo recordar que, sin importar cómo esté el clima en mi corazón, yo soy el cielo. Y el cielo, en su profundidad, siempre está en paz.
